Taxonomía de Bloom: qué es y cómo aplicarla al aula

La taxonomía de Bloom está a la orden del día. Sobre todo para los docentes, pues recoge lo que los alumnos deben demostrar al final de una unidad didáctica o un período de aprendizaje. ¡Sigue leyendo para conocer qué es y cómo aplicarla bien en tu labor docente!

Está de moda, lo sabemos; hay muchos estudios, te da glamour conocerla y utilizarla. Pero ¿sabes emplearla bien? ¿Para qué sirve la taxonomía de Bloom en la educación? Para dar sentido a las metodologías que utilizamos, vamos a explicar qué es esto de la taxonomía de Bloom y cómo concretarla en el aula

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¿En qué consiste la taxonomía de Bloom?

La taxonomía de Bloom recoge una serie de objetivos del proceso de aprendizaje. Es decir, ordena y sistematiza las habilidades y conocimientos que los estudiantes deberían adquirir. Así, recoge lo que los alumnos deben demostrar al final de una unidad didáctica o un período de aprendizaje. 

Pero, en primero lugar, ¿cómo surgió? En 1948, el doctor en Educación Benjamin Bloom se reunión en Boston con otros pedagogos en la Convención de la Asociación Norteamericana de Psicología. 

Su propósito era establecer un marco teórico que facilitara y homogeneizara la evaluación docente

 

Por eso, la taxonomía de Bloom jerarquiza los procesos cognitivos que intervienen en el proceso de enseñanza-aprendizaje, y permite evaluar la adquisición y la asimilación de conocimientos y aptitudes

De esta manera, establece un orden desde los niveles de pensamiento inferiores hasta los superiores, lo que hace que estos últimos requieran de los primeros. Se trata de tres dimensiones o taxonomías de pensamiento:

1. Cognitivo: procesar la información. A su vez, requiere de varios pasos que comienzan desde lo más concreto hacia los abstractos. 

    • Conocimiento: recordar información.
    • Comprensión: interpretar la información.
    • Aplicación: utilizar el conocimiento en situaciones nuevas.
    • Análisis: descomponer las ideas y relacionarlas.
    • Síntesis: reunir informaciones.
    • Evaluación: emitir juicios y justificar la opinión. 

 

2. Afectivo: emociones, actitudes, intereses, sentimientos. Por su parte, recepción, respuesta, valoración, organización, categorización, como vemos en la pirámide.

 

3. Psicomotor: habilidades corporales, neuronales y musculares. Se trata de la pericia para utilizar físicamente una herramienta o un instrumento. Comienza con la imitación, la manipulación, la precisión; hasta lograr el control, la automatización, y, finalmente, desarrollar la creatividad.

 

Verbos y ejemplos para crear tu plantilla de taxonomía de Bloom

Ahora bien, si te estás preguntando cómo se concretan todos estos criterios, la respuesta es: a través de verbos. Todo buen objetivo debe ser observable, medible y evaluable, y, para lograrlo, se suelen formular con verbos en infinitivo

Así, la taxonomía de Bloom utiliza una lista de verbos para cada objetivo de aprendizaje, lo que permite crear plantillas fáciles de consultar en el momento de organizar las actividades didácticas. 

Primero, veamos los seis niveles o procesos cognitivos. Siguiendo la revisión de dos alumnos de Bloom, en 2001 la taxonomía sufrió algunas modificaciones. La fundamental fue la sustitución del proceso de Conocimiento por el de Recordar, y la Síntesis por la Creación. 

 

Así, estos son los seis niveles cognitivos:

  1. Recordar. El uso y dominio de la memoria a largo plazo, lo cual supone la base y cimiento de todo el aprendizaje posterior. En este punto, la taxonomía de Bloom encuentra grandes similitudes con el aprendizaje significativo.
  2. Entender. La comprensión de las ideas y los conceptos, de forma que se construyan significados nuevos y se puedan interpretar y expresar. Todo lo relacionado con la comunicación oral y escrita
  3. Aplicar. Poner en práctica los procedimientos aprendidos en el proceso anterior para resolver problemas en contextos nuevos. 
  4. Analizar. Es la capacidad de fragmentar un problema en partes, comparar cada una y establecer relaciones entre ellas. 
  5. Evaluar. Se trata de emitir juicios de valor, justificar y defender opiniones respecto a los conocimientos y las metodologías recibidas. 
  6. Crear. Llegamos al nivel superior y, por tanto, el más complejo, ya que requiere utilizar lo aprendido y las habilidades adquiridas para construir ideas nuevas.  

 

Ahora sí, con la revisión de Anderson y Krathwohl, y la definición de cada nivel cognitivo, podemos utilizar los siguientes verbos en cada uno de ellos.

 

taxonomia-de-bloom

 

Actividades para cada proceso de la taxonomía de Bloom

Pero basta de teoría. Vamos a centrarnos en la aplicación práctica de la taxonomía de Bloom, que para eso fue pensada. La clave como docente será

integrar los niveles cognitivos en tus programaciones didácticas y, en especial, en tus instrumentos de evaluación. 

 

Veamos cómo lograrlo en cada uno de ellos. 

Recordar

Los conocimientos previos y las experiencias vividas son el punto fuerte de este nivel.  Para evaluar su saber sobre un tema, puedes plantear preguntas de respuesta múltiple y comentarlas en voz alta antes de empezar con los nuevos conocimientos. 

Comprender

Un campo muy amplio y muy estudiado. Aprovecha las estrategias de lectura y los procesos de comprensión, como los de PISA. 

  1. Haz preguntas sobre lo leído o explicado.
  2. Propón que resuman lo más importante.
  3. Sugiere que busquen inferencias.
  4. Pídeles que amplíen lo visto con otros textos complementarios, etc. 

Aplicar

Necesitarás casos o problemas para que puedan resolverlos utilizando lo aprendido. Puedes apoyarte también en el Aprendizaje Basado en Proyectos.

Analizar

Recurre a herramientas de clasificación de la información, como mapas mentales, esquemas, presentaciones. Y, en general, todo lo que les lleve a presentar las ideas vistas de otra forma. 

Evaluar

Desde la evaluación por pares hasta los test o preguntas de autoevaluación. Y, también, los debates, diálogos o foros en los que puedan dar su opinión y argumentar distintas posturas. 

Crear

Por último, bienvenido a la producción. Aquí el campo es tan amplio como la imaginación: grabar videos, pódcast, presentaciones, dibujar murales, elaborar guiones, hacer páginas webs, crear una empresa, un periódico o una revista, llevar a cabo una campaña de recogida de alimentos, organizar una carrera solidaria, etc.

Y todo esto se puede adaptar a una nueva era digital, con todas las posibilidades y herramientas que ofrece. 

 

 

En definitiva, ¿listo para evaluar? Esperamos que la taxonomía de Bloom te haya dado buenas ideas para lograr que el aprendizaje de tus alumnos sea lo más completo posible. Y recuerda: que la metodología no se apodere de ti, sino tú de ella. 

 

Bibliografía 

Anderson, L. W., y Krathwohl, E. (2001). A Taxonomy for Learning, Teaching and Assessing: a Revision of Bloom’s Taxonomy of Educational Objectives. Nueva York: Longman. 

Gobierno de Canarias. (2015). La taxonomía de Bloom, una herramienta imprescindible para enseñar y aprender . Gobiernodecanarias.org. [Consulta: 12 enero 2023]. 

Touron, J. (2016). La taxonomía de Bloom: ¿hablamos? (1/2). [Consulta: 11 enero 2023].

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